domingo, 11 de enero de 2015

RELATOS DE MI ABUELA

Relato uno

Se la ve al costado del camino. Uno se pregunta qué hace allí. Si olvidaron de quitarla  cuando la ruta partió el campo en dos o la dejaron como un dulce recuerdo de una época de esplendor que ya se fue. Es la estatua de una esfinge, que alguna vez adornara una fuente en la entrada a la mansión que allí se erguía. Además de una cerca de material con columnas que rodean un patio que fuera el ingreso a la vivienda. En su lugar hay una casa de campo muy sencilla y bastante vieja.
Mi madre me pidió que viniera a ver los campos que fueran de mi abuela, quien fuera medica en el pueblo, vocación que yo herede.
Los nuevos dueños la citaron para entregarle algo.
Pase a visitar a esta familia. La mujer muy sencilla por cierto, me invita a pasar y me dice.
-Ya que ha venido voy a entregarle un baúl que encontramos cuando llegamos aquí. Pensamos que a alguien podría interesarle -dijo la mujer-
-No sabía que podría haber algo así todavía, además de la esfinge que está olvidada al costado del camino.
-Así es, eso ocurrió cuando la ruta partió el campo en dos, no sé porque la dejaron alli.
- Además el patio con la cerca de columnas, también lo dejaron.
-Era la entrada a la mansión.
Encontré dentro del baúl, unos relatos increíbles escritos por mi abuela. No sé porque los dejo allí. Quizás con la idea de que algún descendiente los encuentre. Uno de ellos es el que sintetiza más o menos la historia de la familia. Lo voy leyendo mientras la mujer me ceba unos mates riquísimos acompañados de pastelitos.
Y dice así.
La historia comienza cuando una mujer llamada Sofía tan bella como caprichosa se caso con el acaudalado señor Miller, un ingles recién llegado con miras de hacer fortuna en estos lugares que por entonces eran desiertos.
La boda se realizo en la capital y luego el hizo realidad su primer capricho. Quería una mansión donde sería su residencia definitiva, en estos campos que el comprara como dije antes.
La construcción de la mansión tardo dos años en realizarse. Ellos, venían de tanto en tanto a ver cómo iba todo.
El siguiente capricho de Sofía fue no tener hijos hasta que estuviera instalada en la mansión.
Y como era de imaginar la mansión se inauguro con tremenda fiesta con quinientos invitados y tras semejante evento al transcurrir el tiempo necesario Sofía trajo al mundo a su primogénito.
Laura nació una noche de tormenta tan fuerte que estremeció hasta el mismo cielo como presagiando el destino de sus descendientes.
Eran los antepasados de mi padre.
El próximo capricho de Sofía quiso como regalo por haberle dado una heredera una esfinge que fue instalada delante de la mansión. Justo en la entrada donde comenzaban los jardines.
Miller la adoraba. Estaba muy enamorado de aquella mujer tan bella que lo daba vuelta como quería, al punto que uno más de sus caprichos fue tener un esclavo negro.
Y lo tuvo. Ese día estaba tan contenta como si le hubieran regalado un caballo o algo así. Para ella era un objeto. Era tan frívola, que solo pensaba que cuando vinieran sus amistades y familiares la envidiarían por tan notable adquisición.
No vivía nadie en la redonda. Había un paraje por decirlo de alguna manera, donde había un almacén. En realidad allí descansaban los viajeros. Había también cuatro casas, con animales, huerta y frutales. Algunos de ellos también le daban a los viajeros un lugar donde bañarse, comer y dormir.
Otro de los antojos fue que quiso que hubiera un convento con monjas en el paraje. Entonces el acaudalado las trajo, fundó un lugar donde se hacia el noviciado.
También quiso que se fundara un pueblo y lo tuvo. Con iglesia, policía, medico, escuela. Trajo familias de la ciudad para que trabajaran en su campo y vivieran allí.
A todo esto ustedes se preguntaran que paso con el negro, bueno, el esclavo de Sofía, pero ya se van a enterar mas adelanto que paso con este personaje.
Se realizaban fiestas lujosas en aquellas noches en que en la mansión iluminada se podía escuchar la música de la época y aquellas mujeres ataviadas con los vestidos y joyas más caras.
Con el tiempo ella se ponía cada vez más bella y su esposo lucia orgulloso a su esposa. Fue entonces que vinieron a vivir los vecinos. La familia Iturralde. Estos eran diferentes, campesinos con plata, brutos y buena gente. Un señor con su esposa y siete hijos, una escalerita. Eran agricultores y trabajaban de solo a sol, eran, los antepasados de mi madre.
Hasta aquí todo es normal. Sofía resulto ser muy buena con su esclavo, lo trataba bien y el era un hombre respetado.
Ella no quiso tener más hijos. Fue allí que comenzó a tener roses con su esposo. Discutían a menudo y ya no resplandecía el amor como antes. Miller se iba convirtiendo en un hombre triste y de mal carácter, mientras su esposa seguía altiva y orgullosa como de costumbre.
Su esclavo se enamoro de una de las criadas que obviamente era blanca, entonces, Sofía bendijo aquella unión y les permitió vivir juntos y tener un hijo.
Como era de esperar su relación con su esposo era cada vez peor, al punto que ella tenía encuentros secretos con el apuesto de su vecino don Iturralde que lo dejaba por el piso al desabrido de Miller. Este era un campesino apasionado, con manos ásperas y la piel que olía a sudor, todos estos detalles hacían que Sofía ardiera de pasión cuando lo veía.
Eran amantes, ya nada les importaba, solo verse a escondidas en el momento que pudieran y en el lugar más oculto.
Los descubrió su esclavo. Una noche que hacia una recorrida porque había visto algo extraño en la cabaña que estaba bastante retirada. Fue así que él se convirtió en su cómplice, y tapaba aquellos encuentros para que su ama pudiera ser feliz con su amante.
Miller no era ningún tonto y no pasó mucho tiempo que siguió a su esposa y ni su fiel esclavo pudo hacer nada. Los descubrió y dándole muerte a los dos en aquella noche de invierno tan fría como sangrienta, convirtió a Laura en huérfana de madre y la sumió en la más terrible soledad. Aquella noche se desato una tormenta tan terrible que la esfinge iluminada por los rayos se convirtió para los pobladores del lugar en la maldición de aquellas familias.
Aquel fue el último capricho de Sofía.

Continuará

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