martes, 5 de mayo de 2015

A LA FRANCESA

Voy a contarles la historia de Javier, un muchacho  fachero y  bastante mujeriego
Nuestro protagonista vivia en un sencillo barrió porteño con su familia, su hermana Pocha,que además de ser soltera tenia un nene de dos años, por supuesto no podia faltar  papá y mamá.
Javier era empleado del banco.
 Una vida simple y acomodada, no se privaba de nada.
 Su madre, se llenaba la boca hablando de su hijo cuando salía a barrer la vereda;    
  -¡Mi hijo trabaja en el banco! - le decía a las vecinas,o cuando iba al almacén  -¡ Mi nene es banquero! ¡Mi marido trabaja en obras sanitarias de la nación! -agrandada como ella sola.
El tenia veintisiete años y su novia del barrio unos pocos menos que el. Pero también estaba la amante, una rubia espectacular de treinta y cuatro, que vivía a la vuelta de su casa. Y como si fuera poco andaba arrastrándole el ala a una rubiecita de dieciséis.
 No dejaba títere con cabeza, y eso que no pienso contarles todas las que pasaron.
Aconteció un día que despertó con la idea de irse a vivir solo. Entonces ardioTroya, porque ni la mamá, ni la noviecita, aprobaban semejante disparate. Hasta los suegros pusieron el grito en el cielo, -¡Vos nena no vas a ir al departamento de un hombre soltero! ¡Que va a decir la gente! – decía la señora.
 Aunque la nena bastante crecidita por cierto, hacía rato que había perdido la vergüenza ante la mirada de Javier.
La cosa que a nuestro amigo le importo poco los comentarios  y se fue.¡ La vida que se daba! Ustedes ya se imaginaran. De todas maneras siempre iba al barrio a ver a su novia, aunque le tiraba mas ver a  la rubiecita y allí andaba dándoles vueltas.
Al cabo de unos días golpearon la puerta del depto.¡ Que creen! Al abrir la puerta en realidad abrió la entrada al paraíso. Porque Javier sintió en aquel momento que andaba entre las nubes, un coro de ángeles le susurraban al oído
Y todo porque ante él se  encontraba un hermosa cincuentona, de  esas que están muy bien conservadas, pero que fue y seguirá siendo bella el resto de su vida. La carita sonriente, una onda Marilin, niña, mujer, aunque ya de niña no tenía nada, pero era muy linda la condenada. El cabello bien corto, castaño oscuro, calzas insinuando sus curvas y una remera muy escotada.
Con un sensual francés y estirando la boca como si lo fuera a besar, primero emitió  un bonjour, bonjour  y  le dijo que se le había tapado la cañería. O sea que era  francesa la vecinita, por lo tanto él no le entendía y ella repetía y repetía lo mismo.
 Finalmente ella le tomo la mano y con un gesto le pidió que la siguiera
Al ingresar al departamento se dio cuenta de que se trataba. Pobre Javier, sentado toda la vida en un escritorio no conocía un caño ni loco. Pero hizo lo que pudo. Por supuesto, inundo toda la cocina cuando desarmo el sifón que está debajo de la pileta. –Oh messiue, messieu, - decía la francesa
-Ya estamos, ya estamos – decía él,- ya estamos  inundados.
Y así  ella observándolo, y el limpiando el piso.
Se llamaba Catherine, un día lo invito a tomar café, en señal de agradecimiento y vinieron muchos más. Ella le histerisquiaba y el la avanzaba, entonces ella ponía distancia.
 Se estaba volviendo loco por aquella mujer, tanto que era capaz de hacer cualquier cosa por tenerla, como salirle de garantía para comprar unos cuanto electrodomésticos.
Y siguieron viéndose todos los días.
Salían a pasear, al cine, a cenar, siempre pagaba el. Tan galante Javier.
Por ella empezó a ir al gimnasio y hasta comenzó a correr.
 Ctherine Bouvier, francesa, propietaria de campos en su país, por lo menos así figuraba en sus datos cuando nuestro amigo le salió de garantía para sacar un abultado préstamo en el banco.
Le pidió que la ayudara a conseguir aquel dinero, ya que tenía un negocio en vista y no lo podía perder. Fue cuando aquella mañana la encontró llorando porque su hermano no había podido viajar  porque se le había muerto el perro….
Por su casa hacia mucho que no iba. Su madre lo fue a ver, y tuvo que aguantar sus reproches.
 Y al día siguiente su novia  fue a molestar,- Que ya no venís a verme, no ves que no me dejan venir – Javier la miro y le pidió que se fuera, es que no andaba muy bien.
 Sucede que hacía días que no la veía. La última vez  fue cuando le otorgaron el préstamo.
Los días pasaban y nada de su vecina. Hasta que le llegó una orden por falta de pago por los electrodomésticos.
Entonces comenzó a sentir algo raro y forzando la puerta del departamento comprobó que estaba vacío. No quedaban ni los muebles  y ni huellas de la francesa.
Y Javier se lo tenía merecido por poyerudo, mujer que veía se le tiraba.
A partir de aquel momento comenzó la búsqueda preguntándole al portero, a los vecinos del depto, en el gimnasio, pero nadie sabía nada, se la había tragado la tierra a la francesa.
 Fue pasando el tiempo hasta que se dio cuenta que además lo había estafado con el préstamo.
Pero como encontrarla. Seguramente tendría otro nombre y lo que es peor, ya no estaría en el país.Viajar a Francia pensó, pero adonde ir a buscarla, por dónde empezar.
Javier estaba desecho y lo que es peor su situación económica hacía prever que debería  regresar al barrio.

En otra punta de la ciudad, en un barrio  humilde, una mujer va a buscar a su nieta al colegio 
-¡Hola abuela!
-¡Ya te dije que me digas tía – le dijo la mujer a su nieta
 Llegó a una casa bastante bien puesta, al menos comparada con las demás.  Allí  la esperaba su familia, un hijo alcohólico, una hija soltera  y un montón de  nietos.
-¡Y mamá! –dijo el hijo- No conseguiste más trabajo desde que cuidabas a la viejita. Mira que se están terminando los ahorros. Y está difícil conseguir laburo. Desde que la madre los abandono, se me hace difícil cuidarlos. Encima a la Teresita hay que llevarla al extranjero para que la operen del corazón. Yo no sirvo para nada mamá, no me  quieren dar laburo en ningún lado.
-¡Por  borracho no conseguís trabajo!.- lo increpo´ su hermana
-Es que desde que la Flor me dejo, ya no tengo más ganas de nada.
Se llama Juana.  Desde hace algún tiempo- ya ni  recuerda cuando fue- comenzó a ser estafadora. La última vez fue una  encantadora francesa. Aprendió el oficio de su tío, que falsificaba documentos a los delincuentes. Ella nació en ese barrio y vio como deambulaban   personajes por su casa, a los que su tío les entregaba unos papeles, así decía ella Después con los años se fue dando cuenta de que se trataba, y más tarde se convirtió en su mejor alumna.
Se junto con  el que fuera el padre de sus hijos, pero este se murió porque el alcohol se lo llevo. Y se quedó sola para criarlos, en un mundo marginado donde nadie le quería dar trabajo porque sabían donde vivía y a qué familia pertenecía. Entonces se fue acostumbrando a hacer lo único que se aprendía en aquel lugar, pero eso sí, menos prostituta.
Ahora ella maneja el negocio allí. Se preocupa por los niños y alguna vez  pensó en sacarlos del barrio y en eso está concentrada ahora.
Ya tiene una casa que compró hace poco con un préstamo que sacó del banco. Pero necesita más dinero, tiene que operar a su nieta.
Don Orlando es un señor mayor que la  mira con cariño. Ella sabe, se dio cuenta y ya tiene planeado seducir al viejito. Seguramente le pondrá a su nombre alguna de sus propiedades o algo le va a sacar para operar a Teresita.
Pero las cosas no son tan  fáciles como creía. El viejo no es tonto, quiere sexo y es muy amarrete. Tan amarrete que no se caso para no compartir la plata con la mujer.
No le quedara otra que falsificarle la firma y eso lo sabe hacer. Pero mientras, tiene que seguir ganándose la confianza del hombre y después seguramente tendrá que desaparecer.
Sabe que se avecinan tiempos difíciles, tiene que dejar todo organizado. No confía en nadie. Ella y los niños se encuentran muy solos y si le pasara algo a ella quien los cuidaría. El padre no sirve y su hija solo sabe andar enfiestada. Prácticamente los niños se cuidan solos, los más grandes  atienden a los más chicos.
Tiene que salvar a los niños de aquella vida. Es por eso que una mañana, le dice a sus hijos que se lleva a los niños a un internado. En realidad  los llevó  a la otra casa, que está en una zona residencial.
Ahora es Ornella Giovanni, una italiana que vive allí con sus sobrinos argentinos los que perdieron a sus padres en un accidente y ella viajo para cuidarlos.
 Está cambiada, es una mujer mayor, con anteojos de aumentos, el cabello recogido con un  aplique, las polleras amplias y la chaqueta suelta.
Contrató a una mujer para que los cuide. Los niños están bien enseñados, ninguno comete ningún error.
 Ella es la tía Ornella. comparte el día, un poco con los niños, luego se saca el disfraz y vuelve  al barrio. Tiene que terminar el trabajo con don Orlando.

Javier ya no es el mismo. A regresado con su familia  y  realmente no soporta a nadie.
Esta encerrado en su habitación casi todo el tiempo. Del trabajo a su dormitorio y así pasa los días.
Es el comentario  de la familia.
Es que el se enamoró de la francesa, bueno, de Juana. Ya no sabe qué hacer, quiere verla otra vez. No la denunció porque ya  no le importa lo que izo, ahora vive de los recuerdos.
Y sale a caminar, ahora deja su cuarto y perdiéndose en las calles de Buenos Aires, enjuaga una lágrima, esa que tenía  guardada y le lastimaba el pecho.
Anochece cuando llega a su casa. Como habrán cambiado las cosas, si aquel barrio tan querido donde se crio, ahora, siente hastío regresar a él.
Su mano se desliza por el  picaporte de la puerta cuando la voz de una mujer le dice –Señor Javier, tengo esta nota para usted- la anciana le deja la nota y sale corriendo.
Entonces  no entiende nada, nunca vio a una anciana correr de esa manera.
La nota dice. “Javier, se que estas molesto conmigo, pero no tengo a quien recurrir. Sos el único que puede ayudar a mis sobrinos, si yo llego a caer en cana o lo más probable que me valla del país. Estoy metida en un lio muy grande. Sé que me porte mal con vos. Después te explico. Aquí te dejo la dirección. Tenés que hacerte cargo de los chicos y de Teresita que se tiene que operar en la China”.
El grito que dio Javier despertó a todo el barrio
-¡Pero quien se cree que es!  ¡Encima me dice, sé que estas molesto conmigo! Muy molesto estoy,  tanto que la tengo que ver ahora mismo.
Y si, Javier se fue en ese mismo momento a  aquella casa donde encontró a  los niñitos. 
La señora que los cuida es muy buena, pero no sabe mucho, solo le hablaba de una italiana.
-¡Ahora es una italiana! ¡Pero ya la voy a encontrar!
Y así se hace cargo de los niñitos.
Juana va a ver los niños cuando el esta trabajando en el banco.
Pronto será la operación de Teresita, a la que se ha  ganado toda su confianza.
Cierto día en que la lleva a pasear al parque en su silla de ruedas…
-¿Decime Teresita, donde está tu tía Cátherin? Bueno Ornella, no sé¿ Vos sabes dónde puedo encontrar a tu tía?
-Mi abuela se llama Juana y vive en  Villa  La puñalada y preguntá por la sobrina del cuervo y te van a decir cuál es la casa.
-¡Ah era abuela la condenada! ¡Gracias Teresita te amo!.
El cielo cubierto de nubes oscuras anuncia tormenta. Comienza a levantarse viento y algunas gotas de lluvia van cayendo bruscamente. Se refugia en su sobretodo oscuro, entonces la ve. 
Va corriendo por el callejón con sus calzas negras y su remera escotada, su pelo cortó ahora  mojado por la lluvia que ha empezado a caer con más intensidad. La alcanza y tomándola de un brazo la da vuelta y la estampa contra la pared de la vieja casa que está en  el callejón, y, allí  bajo la lluvia y el viento que parecía llevárselo todo  besa su boca y sus manos se deslizan por sus caderas despojándola de sus calzas y la ama desesperadamente bajo la lluvia  hasta llegar a desfallecer de pasión.
Después, sin decir nada, y cuando aún no ha dejado de llover se va dejándola sola en el callejón. Ella ingresa a la casa abandonada y se queda allí, quieta, temblando, cuando escucha su vos.
-¡Porque lo hiciste? ¡Porque a mí ?
--Te había investigado
-¡Que peligrosa sos!
-¡Te pido por favor no dejes a los chicos! ¡Sos el único en quien confió!,
-¿Sabias que me enamore de vos?
-¡Nosotros no podemos hablar de amor! ¡Yo soy una delincuente! A parte soy mucho mayor que vos pendejo, o no te distes cuenta. Vos sos un buen hombre Y los niños, Teresita… ¡Por favor no los abandones!.
Ha dejado de llover. Salen de  la casa, caminan una cuadra en silencio, uno al lado del otro, sin rozarse siquiera, como si fuera dos extraños.
 Primero aparece  uno, después otro,  tres patrulleros se detienen. Los uniformados se bajan del vehículo, ella camina hacia ellos y entregando sus manos  le ponen las esposas
Entonces él la ve ingresar al móvil policial.
Después los vehículos se van, ella no se vuelve. El se queda con ese sabor amargo.
Javier va al barrio de Juana. Su hija lo recibe. El le cuenta parte de la historia.
-Estos son documentos falsos –dice la muchacha- con los que mi madre iba a dejar el país. Además de este disfraz de religiosa. Algo pasó y no sé que pudo haber ocurrido que perdió el avión.¿ Usted tiene idea de que pudo haber pasado?
-No, yo no sé nada
Quedó con la culpa de haberla retenido en el callejón. De no haber sido así, tenía tiempo para tomar aquel avión
Teresita fue operada con éxito. El hijo de Juana está internado en un centro de rehabilitación. Su hija se izo  cargo de los chicos
Han pasado algunos años.  Juana sale en libertad por buena conducta.

Alguien la espera, alguien que hace mucho tiempo,  sueña, con amar a la francesa.

No hay comentarios:

Publicar un comentario